CORRAL / IGLESIA CONSTRUIDA POR PESCADORES
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Frente a esa disponibilidad de la Escuela, los únicos brazos disponibles en Corral eran los pescadores, que habían quedado cesantes a raíz del maremoto. Con ellos se ejecutó la totalidad de la iglesia, y llegaron finalmente a tal grado de preparación y precisión, que muchos de ellos fueron contratados más tarde, en Valdivia como carpinteros de primera. De esta situación de la mano de obra no especializada, surgió la innovación de ejecutar nudos de hormigón para las dos grandes vigas de 20 metros y los machones de madera que constituyen la estructura resistente. La dimensión de esas vigas exige alta precisión en los ensambles de nudos para evitar deformaciones acumuladas y esfuerzos no previstos. Para ello, se inventó un sistema de nudos de hormigón que requerían sólo cortes simples en las piezas de madera, y un moldaje también muy elemental que permitía suplir cualquier imperfección con el relleno de hormigón. El sistema alcanzó tal facilidad de operación y precisión que las vigas, ya colocadas, después de ser sometidas a prueba con su carga máxima admisible cargándola en toda su longitud con grandes piedras, al ser descargadas volvieron a su posición inicial con la flecha de 3 cms prevista por el cálculo. Más tarde, pero no por razones de calidad de mano de obra, sino por facilidad, el sistema volvió a emplearse en la estructura de la iglesia de San Javier de Puerto Montt.
Más del 50% del costo de los materiales empleados corresponde -excluyendo los elementos del presbiterio- a materiales reemplazados del edificio existente. Esta proporción, aunque baja, se explica por el alto grado de humedad del aire imperante en el sector y la inexistencia de sistemas de ventilación y protección en el edificio existente que pudren la madera. Una buena parte del forro de terminación interior de tepa, provino de un cargamento dado por perdido en las bodegas del barco que se hundió frente a la rada de Corral a raíz del terremoto, y que descubrieron los pescadores. El trabajo de recuperación de la plancha acanalada que servía de forro al edificio existente fue tan cuidadoso, que 20 años después de realizado no hay muestra alguna de escurrimientos o goteras, las cuales dañarían de inmediato la fragilidad al agua que presenta el forro interior de Tepa. Tales cuidados se inscriben en un propósito arquitectónico. Era presumible en ese tiempo que -dadas las disponibilidades y extensión de la diócesis- la parroquia de Corral no contara en el futuro con posibilidades de una mantención a escala mayor. Esto obliga, aun en una construcción modesta, a establecer un claro criterio de partidas llevadas al mínimo, y algunas, llevadas a un máximo casi de lujo. Por ejemplo, las pinturas epóxicas que se usaron el exterior fueron preparadas especialmente por la industria y no existían en el comercio para asumir las condiciones climáticas de Corral sobre un mínimo de 15 años de duración. Estas medidas y un riguroso cálculo de ventilación han asegurado la perfecta permanencia que presenta el edificio hoy día. Para ello, la importancia del cálculo ha sido decisiva. En el edificio existente el agua de condensación alcanzaba tal volumen, que escurría desde el cielo mojando bancos y fieles al comenzar el acto de la misa. Un sencillo sistema de troneras de abertura variable en ambos muros laterales de la nave, y una angosta ranura sobre la bóveda, resolvieron totalmente el problema. En Corral no se disponía de elementos para enderezar el edificio, completamente desnivelado por efectos del sismo. Operando sólo con efectos de tracción aplicados simultáneamente en puntos claves del edificio, y utilizando un torque de alambre, toda la estructura fue restablecida en su posición estable. Por otra parte, esta carencia de elementos se planteó con mayor exigencia en la hojalatería necesaria para bajadas y terminaciones del forro metálico. Para eso, se inventó una dobladora de plancha a base de tablones ejecutada y operada por pescadores. Estos dos ejemplos no se exponen por su valor en sí, sino porque ellos reflejan el espíritu que invadió a la acción, complaciéndose en alcanzar la forma con cualquier material.

