CORRAL / LA LUZ DE LA ORACIÓN

Dublin Core

Title

CORRAL / LA LUZ DE LA ORACIÓN

Description

Durante 25 años -6 ó 7 en la época del terremoto- la Escuela ha estudiado la Luz de Oración a partir de la observación del acto de orar realizada en la Capilla de Los Pajaritos. Esa luz, que sumerge la forma material geométrica en las profundidades de una determinada y modulada penumbra, no es sin embargo un efecto estético que se agrega y reviste -por decirlo así- a una estructura formal material ya construida; tampoco es un efecto estético luminoso que coincide y refuerza a una estructura formal material que ha asumido por sí misma la construcción del espacio; menos aún es, como podrá comprenderse, el uso de ese acervo formalista de decoraciones basadas en recursos luminosos, los cuales a la postre vienen a constituir meros objetos de atención o figuraciones no muy alejadas, en lo esencial, de las acumulaciones con que trabajan los maestros artesanales. En la luz de oración, forma material geométrica y luz inmaterial se comportan como dos opuestos, en que cada uno dicta la ley de presencia en el espacio a su contrario, para constituir la forma. ¿A qué llamamos luz de oración? Lo diremos con un ejemplo: la luz de Notre Dame se manifiesta trayendo a presencia los elementos arquitectónicos; nuestra luz de oración se manifiesta por el retiro de los elementos arquitectónicos. "...las ventanas se entornaron para quitar el paisaje del living, y transformarlo en un oratorio. Suavísima, delicadísima, luminosa penumbra surgió. Una luz que hacía mirar al espacio, sólo al espacio. Ningún muro, ninguna pared (el living era un living normal, lleno de complicaciones, se entiende). La luz, me dije. La luz, circunstancia exterior, posición espacial del orar. La luz es la arena para estar junto al mar de nuestro orar. Hoy no comparece nada más que la luz. Hoy al ojo llega sólo la luz." La forma material con su geometría es arrastrada hacia la manifestación de la luz fundada en ese acto de orar. Por lo tanto, en Corral las arquitecturas que se han mencionado, el ancho, el juego de alturas, las separaciones y uniones, las profundidades, encuentran su orientación y hacen referencia directa al espacio del templo en la luz, ese intento de luz de oración. Dicho intento comienza ya en aquella operación de resta que trae el obrar con lo viejo y lo nuevo, cuando el interior -sin forros exteriores- es atravesado por un aire de luz exterior. El avance en las operaciones constructivas implica cerrar, pero al mismo tiempo con eso, el interior se apaga. De modo que construir el espacio del templo en la luz -cuya inmaterialidad resulta casi incontrolable por los sistemas de cálculo y proyección- obliga a modificar, como en la estructura, la secuencia de operaciones constructivas, para lograr así aproximarlas a los requerimientos de las constataciones formales realizadas en la obra misma. Esa penumbra que perseguíamos requería, como se ha dicho, un horizonte que separaba arriba y abajo. Arriba hay ventanas con su transparencia habitual; abajo no hay propiamente ventanas; éstas son borradas en su apariencia interior y convertidas en fuentes de luz difusa. Para eso, las pequeñas ventanas de pieza regularmente repartidas que poseía la iglesia existente, fueron concentradas en un solo punto en cada muro lateral. Nosotros estábamos luchando por incorporar lo viejo a nuestro espacio del templo en la luz, pero debíamos anular formalmente el barracón de los maestros destruyendo las generatrices de su rectángulo, sus diagonales, modificando la situación espacial de las esquinas.

Por eso el Baptisterio -una de esas esquinas- se abre por un vano hacia la nave y tiene luz propia; y en el extremo opuesto de la diagonal la hornacina del asiento de los oficiantes interrumpe la luz plana de la esquina, a lo cual contribuye una fuente de luz cenital. La Capilla del Santísimo, también con luz propia, rompe nuevamente la otra diagonal. Por eso la nave en ancho no tiene propiamente un centro, a lo cual colabora el que las fuentes luminosas no estén en línea. La posición de estas fuentes luminosas laterales, introduce una división virtual de lugares en la nave. En un costado del templo, una de ellas permite encadenar una secuencia. El conjunto de esta secuencia corresponde a aquellos actos de orar que ocasionalmente se dan en aquella soledad que mencionábamos antes, la cual arquitectónicamente aquí trata de ser protegida por lo pequeño y puntual y, en cierto modo, apartada de la obligación de un tránsito por el centro vacío de la sala de la reunión dominical, para lo cual se dejó una puerta propia. La fuente luminosa del otro costado, en cambio, vive enteramente en función del blanco del presbiterio y la nave de la reunión dominical. Las intensidades de esa penumbra que queríamos lograr fue ponderada, pues, a base de la intensidad que aportaban el juego de ventanas naturales con su luz directa y su capacidad de múltiples reflejos en la arquitectura de la altura; y abajo, con la intensidad que admitía un sistema de difusores de madera, largamente experimentado en Valparaíso. En la altura, la ventana del fondo -originalmente gótica y vertical- fue encajada horizontalmente en la oquedad de la bóveda, reflejando su curvatura en oposición a lo sombrío de los cielos bajos, e iluminando al mismo tiempo el presbiterio. La transparencia de esta ventana, al permitir apreciar la lejanía de los cerros distantes, opone con ello una dimensión que es importante para la ruptura del muro de fondo. No hay por lo tanto aquí una cuestión de relación con la naturaleza, sino de luz y medida. Pero no se resolvió en este caso un cierto grado de encandilamiento. Abajo, la colocación de los difusores -un dibujo- se hizo sobre el dibujo de los machones laterales de la estructura; y la posición de los machones -que el sistema estructural permitía desplazar libremente en sentido longitudinal- se hizo coincidir con la de las ventanas. De modo que finalmente la posición de los machones laterales de la estructura, fue determinada por la luz de oración. El partido de luz en Corral supone la utilización de luz diurna durante el día y luz artificial en tardes oscuras y en la noche. Esto que parece obvio, no lo es. Los sacerdotes en general le atribuyen a la luz artificial un valor de estándar, un cierto lujo propio del templo; el acto de iniciación de la misa está marcado por encender las luces, aunque los índices de luminosidad de lectura o para la visión normal de las ceremonias, con luz natural estén sobrepasados. Algo semejante ocurre con el micrófono y la palabra, la cual ha adoptado un modo de oír ampliado, haciéndose eco de los hábitos. En el caso de Corral esta realidad no se asume; en cambio, los circuitos de luz eléctrica están programados para distintos momentos litúrgicos. Las fuentes de luz artificial se ubican en un plano geométrico virtual que más o menos coincide con ese horizonte del que se hablaba antes. Ocupan pues una posición intermedia entre lo arriba y lo abajo, porque su misión es que los elementos constituyentes del espacio con luz diurna se mantengan iluminados, aunque -naturalmente- con un sentido diferente. En este último aspecto, es necesario señalar que el trabajo arquitectónico con luz artificial es muchísimo menos desarrollado que el de la luz natural. Puede decirse pues que el templo, en Corral, está visto primordialmente para luz de día. La luz artificial en Corral se funda principalmente en el color azul pálido del tubo fluorescente para el presbiterio; rojo de la incandescencia de las ampolletas habituales para la nave. Aunque estas tonalidades son suaves, ese contraste que se polariza en dos áreas de bastante extensión dentro de la iglesia, se percibe con evidencia. Los planos blancos del moblaje del presbiterio se tiñen de tonalidades muy pálidas de azul. Pero en todo momento las lámparas evitan el encandilamiento cuando se observan en dirección desde la nave hacia el altar. Para lograr eso, se diseñaron lámparas especiales para el presbiterio y para la nave, de construcción elemental. Nunca se usó la luz indirecta, debido al efectismo con que se ha vulgarizado.

Collection

Citation

“CORRAL / LA LUZ DE LA ORACIÓN,” JOSÉ VIAL ARMSTRONG, accessed October 22, 2026, https://www.josevial.cl/items/show/66.