CORRAL / EL ACTO DE ORAR: EL UNÍSONO

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CORRAL / EL ACTO DE ORAR: EL UNÍSONO

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Surge de aquí el hecho de que el unísono de los gestos y la voz, pero también de un modo fundamental, el unísono de la presencia, coloca a los fieles en el meollo de la concepción litúrgica. Hay circunstancias en que la potencia de este unísono casi destruye la relación con el sacerdote, y la mera concurrencia más que la participación activa, es lo que configura el acto religioso, tal como sucede en las peregrinaciones a un lugar de devoción con la concentración de grandes masas. Hay pues en la nave, por su solo unísono, ya una potencia de acto de orar que puede arquitectónicamente manifestarse y exaltarse por la forma misma de la nave.

En el caso de Corral, al restar y borrar tanto las columnillas del antiguo templo como el muro de la sala de clase en primer piso, se abrió y apareció un ancho -una situación espacial de ancho- capaz de constituir con gran vigor ese unísono si podíamos establecer a la vez una adecuada proximidad con el altar. Tal ancho se constituyó pues en uno de los objetivos fundamentales del espacio interior y sin dudarlo más, y aunque construir unas vigas de 20 metros era una verdadera empresa en Corral y un lujo aparentemente contradictorio con la modestia del edificio, decidimos crear ese vacío en ancho y sin elementos intermedios de pilares que lo habrían destruido. Así, la estructura quedó configurada en su partido general. No obstante lo anterior, sería errado pensar que el solo ancho es capaz de crear ese unísono de la oración que hemos mencionado. El ancho solo existe arquitectónicamente por su altura. Más bien dicho, una arquitectura de esa altura. Hay un momento en que se tiende a pensar que la arquitectura tiene ancho, alto y largo. Pero la experiencia de Corral nos inclina a pensar en un matiz. El alto, el largo y el ancho son medidas que, de alguna manera, están disponibles y tienden a desvincularse entre ellas. Habría, según esto, una arquitectura de altura, y si es del caso, una del ancho y una del largo. Muchas antiguas iglesias en el sur fueron demolidas inútilmente, y sustituidas por el galpón. Pero no es arquitectura: es apenas un elemento constructivo un poco más complejo que un ladrillo. Y si no es arrancado de esa condición -labor dificilísima- es incapaz de crear la forma al unísono litúrgico. El galpón no sólo desmesura su altura, sino que carece de arquitectura de altura. No en vano el gótico y el románico desplegaron sus inmensos tallados de altura, que no solo el ojo puede recorrer libremente, sino que proyectados sobre el suelo plano de los desplazamientos, nos hace pertenecer al espacio tridimensional en lo particular de su manifestación, modulando los gestos, los momentos y la complejidad del estar -que no es un unívoco- en el orar de la nave. En Corral, al descubrir el ancho se produjo una altura cuyo origen, digamos, correspondía a una pieza doméstica. Pero esa misma altura inscrita en un vacío continuo de gran extensión recupera un grado de abstracción que se aparta de esas figuraciones propias de los maestros artesanales. Surge así un espacio chato, bajo y profundo, recuperado en otra altura por la bóveda. Este juego de alturas hace concordancia con el ancho, y por eso para nosotros fue importante conservar la bóveda existente. Cuando un señor muy bien vestido tropieza, y queda como un montón en el suelo, pierde la postura de su compostura natural. Por eso él se levanta rápidamente y se arregla, para recuperar lo antes posible su compostura. La pérdida de la compostura hace el ridículo. El gesto reglado litúrgico, también tiene su compostura y no sólo la pierde si cae; también la pierde si el gesto, revestido, se hace natural: por ejemplo, si ante el terremoto, el sacerdote sale corriendo hacia la sacristía.

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“CORRAL / EL ACTO DE ORAR: EL UNÍSONO,” JOSÉ VIAL ARMSTRONG, accessed October 22, 2026, https://www.josevial.cl/items/show/63.